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Inmaculada Cuesta

Esta es la obra pictórica de Inmaculada Cuesta, directora de la Galería de Arte EME 04 (Hits: 3909)
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HOMENAJE LITERARIO. Segovia/ junio 09 (16)
Exposición en la Sala UNTURBE
16 al 30 de junio de 2009
C/ Juan Bravo, 30
40001 SEGOVIA

Presento la serie QUIJOTE 07 por primera vez
El Homenaje incluye dos poetas andaluces: Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado

Crítica publicada en el diario EL ADELANTADO de Segovia, el 27 de junio de 2009:
Sorprende la determinación con que trabaja Inmaculada Cuesta en su obra pictórica a pesar de su formación autodidacta y del poco tiempo de su actividad. Su pintura integra una referencia abstracta de tradición postcubista, muy constructiva, con pigmentos sólidos y una pincelada muy compacta, en la que los colores intensos presiden las composiciones vivas, contrastadas y muy sugerentes. Sobre estas composiciones bien estructuradas deja correr el color que se licua provocando ensoñaciones y superposiciones sutiles, repletas de matices y sugerencias poéticas. Su abstracción adquiere así un cierto tono gestual y lírico, a la vez.
A esta composición de manchas cromáticas Inmaculada Cuesta suma papeles variados creando collages con empastes y superposiciones en los que acumula sin violencias texturas y emociones muy agradecidas. Especialmente interesantes son los collages de pequeños formatos en los que el papel vegetal y los colores primarios se funden originando fantasías mínimas pero intensas. En estas obras Cuesta deja volar su oficio y su imaginación creando una pintura libre y relajante, feliz y alegre. Colores y texturas se alían para crear un canto a la vida lejos de dramatismos y de convulsiones extremas.
A la par Inmaculada Cuesta desarrolla su obra en un estilo más descriptivo y referencial, que, sin abandonar el gesto ni el color de la abstracción, lo proyecta de forma muy metódica a crear un peculiar y rico diálogo con distintos poetas de su interés. De ahí el título de esta exposición en la Sala del Casino de la Unión de Segovia, "Homenaje literario". Aumentan los tamaños de las obras, algunos realmente exigentes, se refuerza el grafismo al servicio de un tono más ilustrativo, el color sigue construyendo las composiciones y las figuras, y aparece un cierto sentido amable, incluso irónico de las imágenes para humanizar el peso de los textos con los que dialoga.
En la exposición del Casino Inmaculada Cuesta nos ofrece cinco obras de la Serie Quijote de 2007, sobre los personajes cervantinos D. Quijote, Dulcinea, Rocinante, Sancho y Rucio. En todos aparece la ironía, la ternura, la gracia y la sabiduría propias de los personajes manchegos. Pero también una relectura de los conceptos de libertad y de viaje existencial que nos descubriera Luís Rosales en su ensayo sobre el Quijote.
En la pintura de Cuesta se asume la tentación y el reto de interpretar una vez más a los personajes universales de Cervantes desde una plástica colorista, gestual e ilustrativa.
De nuevo el diálogo entre la pintura y la literatura se hace fecundo. La interpretación ahonda el problema de la recepción de una obra y de repensarla desde una actualidad personal.
La exposición se completa con un diálogo mayor con los poetas andaluces Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. Sobre Juan Ramón se exponen dos composiciones collages basadas en fotografías proyectadas en el papel y después coloreadas, una basada en el libro Diario de un poeta recién casado y otra una libre composición con imágenes en el Metro y en la Feria del Libro. Junto a un retrato de Juan Ramón esta serie viene a ser un homenaje al poeta de Moguer desde la plástica personal de I. Cuesta.
Se recuerda a Antonio Machado y a Leonor en otro collage que desarrolla una conocida fotografía de 1909 en Soria.
Junto a su labor de retratista, Inmaculada Cuesta ha encontrado un espacio de diálogo entre la pintura y la palabra, entre el color y la rima, que comparten el aliento poético, tan universal y tan abstracto, que suponemos va a centrar la creación inmediata de la pintora.

Rodrigo González Martín.
Prof. de Creatividad Publicitaria
Facultad de CC. Sociales, Jurídicas y de la Comunicación
Universidad de Valladolid(Segovia)

Serie QUIJOTE 07, Homenaje a Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado
COLLAGE pequeño formato (11)
TODOS LOS COLLAGE MIDEN 23X16,5 CM. APROX.
Precio: 15 €

EL PLACER DE PINTAR
La obra abstracta de Inmaculada Cuesta


La primera pintura abstracta de la historia fue una pintura literaria. Se encuentra en una novela breve que Balzac escribió en 1831: La obra maestra desconocida. Frenhofer, el protagonista de este relato, es un viejo y genial artista que durante diez años se ha dedicado a pintar de forma obsesiva el retrato de una mujer destinado a emular la belleza viva más sublime. Cuando tras intensas negociaciones se apresta a mostrar su obra a dos artistas, estos descubren que en la tela no hay ninguna figura de mujer, sino sólo “colores confusamente amontonados, contenidos por una multitud de extrañas líneas que forman un muro de pintura”. Ante la decepción que expresan sus invitados, Frenhofer les espeta “están ante una mujer y buscan un cuadro”. Los empastes, las líneas, las masas de pintura, los colores que se extienden por la tela y que dejan ver en una esquina un pie magnífico eran para ese pintor la vida misma. Así nacía la primera obra abstracta, tan incomprensible para el protagonista como para el mismo Balzac, que para entenderla tuvo que imputársela a la locura. El viejo Frenhofer terminaría sus días junto a la obra que le había enloquecido en un incendio que iba a abrasar todo, aunque en sus rescoldos dejaba ya la idea de obra abstracta.
Casi un siglo después, Kandinsky, uno de los fundadores de la abstracción pictórica, también se sirvió de experiencias singulares: el sueño, la fiebre, la revelación súbita de un mundo de colores para explicar sus primeras obras abstractas. “En ocasiones soñaba con pinturas armoniosas que, al despertar, me dejaban tan sólo un rastro indistinto de detalles fantasmales. Una vez bajo la angustia de la fiebre tifoidea, vi con gran claridad un cuadro entero”- escribió en sus recuerdos.
Los objetos empezaron a disolverse en sus cuadros hasta terminar por desaparecer totalmente y dejar paso a colores, puntos y líneas.
De esta forma se cerraba la ventana albertiana, que desde el renacimiento había permanecido abierta. La pintura había dejado de ser un vano por el que el espectador se asomaba al mundo, para convertirse ahora en una ventana tapiada en la que el espectador tenía que contemplar la ventana misma. Así comenzaba la pintura intransitiva, esa pintura que se constituye en un lenguaje propio y que se ha denominado “pintura abstracta”.
El camino que tuvo que recorrer la pintura para llegar a esta "creatividad pura" ha sido tortuoso y difícil. De hecho, el terreno en el que juega ahora es un terreno de conquista en el que han participado numerosos artistas, desde Mondrian y Malevich hasta Pollock o Rothko, por citar algunos de los más importantes.
La obra de Inmaculada Cuesta es un fruto feliz de esta larga historia. Casi dos siglos después de que Balzac escribiera su relato de Frenhofer la pintura puede presentarse sin ambages como una gran fiesta de color, de líneas y texturas.
Los óleos, acrílicos y obras sobre papel de Inmaculada Cuesta son un regalo para los ojos. La pintura parece respirar en ellos ajena a toda preocupación. Son el producto del placer de pintar, de jugar con el pincel, con la mano o con la pasta, de explorar en la materia y en el espacio hasta conseguir creaciones con sabor jubilatorio, en las que se transmite a los espectadores esta alegría del hacer.
En los collages, Cuesta utiliza el papel y la pintura como materiales del mismo valor, las masas de color se distribuyen y se superponen sobre toda la tela, pero el peso de estas masas desaparece gracias al efecto de ingravidez que genera esa línea nerviosa, casi caligráfica, que corre sobre ellas.
En la obra de Cuesta destaca, en primer lugar, su maestría para utilizar el color, la desenvoltura con que los combina y los dispone hasta crear grandes superficies llenas de fuerza y armonía. En segundo lugar, sorprenden las texturas que consigue, usando empastes, líneas y transparencias junto con materiales diversos: papel o cartón, hasta crear complejas composiciones en las que se superponen diferentes capas que muestran, aunque parezca inaudito, una gran ligereza.
Estas dos características hacen que la obra de Cuesta se sitúe en la onda de dos grandes pintores de la abstracción actual. En el uso del color, me recuerda al artista inglés Howard Hodking, del que los madrileños hemos podido ver recientemente una gran exposición en el Centro de Arte Reina Sofía. En las texturas y búsquedas de transparencias, en el uso de capas y del goteo y de la pincelada ancha, Cuesta recuerda al alemán Gerhard Richter, uno de los mayores artistas de este siglo que se sirve de múltiples lenguajes en sus creaciones.
Me gustaría por último destacar la obra sobre papel de Cuesta. Esta es su obra más íntima, alejada de los grandes formatos y de los grandes gestos, pero que revela todavía mejor esa placer del pintar. Unos papeles superpuestos, unas pinceladas, unos colores y poco más consiguen hacerse un espacio entre nosotros e iluminar con un atisbo de belleza nuestro presente de cada día


(Bruselas, Enero de 2007)
Charo Crego, doctora en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, es ensayista y crítica de arte.. Ha publicado un estudio sobre el neoplasticismo holandés, bajo el título El Espejo del Orden (Madrid 1999), y un ensayo sobre el rostro en la pintura, titulado Geografía de una Península (Madrid 2004)



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